Obra El Minuto de Dios

El método García Herreros: por qué su legado de solidaridad sigue vigente frente a los desastres en Colombia

Las emergencias ponen a prueba la capacidad de respuesta de un país, pero también revelan la fortaleza de las redes de solidaridad que se han construido a lo largo del tiempo. Tras el sismo de magnitud 7,4, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, que provocó graves afectaciones en ciudades como Pereira, Cali y Manizales, la atención humanitaria volvió a poner en primer plano el trabajo de la Obra El Minuto de Dios. Su respuesta se conecta con una tradición de servicio inspirada en el pensamiento de su fundador, el padre Rafael García Herreros, cuya causa de canonización avanza en el Vaticano.

Mientras se movilizan alimentos no perecederos, kits de aseo, colchonetas y otros elementos esenciales para las comunidades afectadas, en Roma continúa el estudio de la Positio Super Virtutibus, un documento de más de mil páginas presentado ante el Dicasterio para las Causas de los Santos. Este expediente reúne evidencias sobre la vida y obra del sacerdote eudista y busca sustentar que vivió las virtudes cristianas en grado heroico.

Hans Schuster, investigador del Centro Pensamiento Rafael García Herreros y coordinador de la documentación de esta causa, explicó en el programa RenovAcción Social Sostenible que el propósito del proceso canónico es evaluar rigurosamente las virtudes teologales y cardinales del Siervo de Dios. Sin embargo, la huella que dejó el sacerdote también puede observarse en la continuidad de la obra social y evangelizadora que impulsó, especialmente en su compromiso con las personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

Una trayectoria de respuesta ante las tragedias del país

La participación de El Minuto de Dios en la atención de emergencias forma parte de una historia que se extiende durante varias décadas. Su presencia en situaciones como el terremoto de Popayán de 1983, la tragedia de Armero en 1985, el sismo del Eje Cafetero en 1999, los procesos de reconstrucción en La Mojana y la emergencia ocasionada por el huracán Iota en San Andrés y Providencia en 2020 evidencia una labor que combina asistencia inmediata y recuperación comunitaria.

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<text color=”secondary” size=”sm”>El padre Rafael García Herreros durante un encuentro con integrantes de la comunidad. Foto: Archivo El Minuto de Dios.</text>

Para Schuster, uno de los factores que ha permitido mantener esta capacidad de respuesta es la credibilidad construida por el fundador y sostenida por la organización. La confianza de ciudadanos, empresas y entidades públicas resulta determinante para movilizar recursos y facilitar que la ayuda llegue a quienes la necesitan.

El investigador relaciona esa confianza con el goodwill o buena reputación que caracterizó la gestión del padre Rafael García Herreros, quien defendía la transparencia en el manejo de los recursos y la rendición de cuentas. Su austeridad personal, simbolizada en la imagen de la ruana que lo acompañó durante buena parte de su vida, también contribuyó a consolidar una cultura institucional en la que el servicio estaba por encima del beneficio individual.

Los principios que mantienen vivo el legado del fundador

Durante su intervención en RenovAcción Social Sostenible, Schuster explicó que la continuidad de esta labor puede entenderse a partir de varios principios que orientaron la actuación del padre Rafael García Herreros y que hoy siguen siendo relevantes para la atención de las comunidades afectadas por desastres.

Uno de ellos es la transparencia. El fundador procuraba informar con claridad cómo se utilizaban los recursos recibidos, incluso mediante explicaciones detalladas sobre cada gasto. Esta práctica buscaba demostrar que las contribuciones tenían un propósito definido y que debían traducirse en resultados verificables. En una emergencia, la confianza de los donantes es esencial para garantizar que la solidaridad pueda transformarse en ayuda efectiva.

Otro principio fundamental es el respeto por la dignidad humana. La visión del padre Rafael no se limitaba a entregar asistencia desde una posición de superioridad, sino que entendía a las personas necesitadas como iguales, merecedoras de respeto y oportunidades. Desde esa perspectiva, la solidaridad no consiste en actuar por lástima, sino en reconocer al otro como un hermano y construir puentes entre quienes pueden aportar recursos y quienes atraviesan dificultades.

Esta manera de comprender el servicio guarda relación con el llamado a la fraternidad universal que desarrolla la encíclica Fratelli Tutti. La ayuda humanitaria, bajo esta concepción, no debería reducir a los damnificados a receptores pasivos, sino contribuir a que recuperen sus capacidades y participen en la reconstrucción de sus comunidades.

De las donaciones a la entrega: una respuesta organizada

La experiencia acumulada por El Minuto de Dios también ha permitido estructurar mecanismos para coordinar la atención humanitaria. La respuesta comienza con la recepción de aportes económicos y en especie, continúa con la organización de los elementos en centros de acopio y requiere redes de transporte capaces de superar obstáculos geográficos. Finalmente, contempla la distribución en terreno y la verificación de que los recursos lleguen a las comunidades previstas.

Esta cadena logística cobra especial importancia en regiones donde las vías están afectadas o el acceso depende de medios de transporte alternativos. En estos escenarios, la coordinación entre personas, organizaciones y empresas puede marcar la diferencia entre disponer de recursos y conseguir que estos lleguen oportunamente a quienes los necesitan.

El modelo busca que la ayuda no dependa exclusivamente de la voluntad de una persona, sino que se apoye en procesos institucionales que puedan activarse frente a distintas emergencias. La continuidad de esta estructura constituye una de las formas en que el pensamiento del padre Rafael García Herreros se ha proyectado más allá de su vida.

Reconstruir con calidad y pensar en el futuro

La visión de El Minuto de Dios también contempla la importancia de construir soluciones duraderas. Schuster recordó el caso del terremoto del Eje Cafetero de 1999, cuando algunas viviendas construidas años antes por la organización en Calarcá permanecieron en pie. Según explicó, este resultado estuvo relacionado con el cumplimiento de normas de sismorresistencia, un ejemplo de cómo la calidad de las obras puede reducir riesgos y contribuir a la protección de las familias.

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<text color=”secondary” size=”sm”>Hans Schuster, investigador y coordinador de la redacción de la Positio de la causa de beatificación del Siervo de Dios Rafael García Herreros. Foto: Archivo UNIMINUTO.</text>

La reconstrucción, por tanto, no se limita a reemplazar lo que fue destruido. También exige evaluar las condiciones del territorio, aplicar criterios técnicos y pensar en la seguridad de las comunidades a largo plazo. Esta perspectiva permite conectar la atención de las emergencias con la prevención y la reducción de la vulnerabilidad frente a futuros desastres.

La causa de canonización y el compromiso con la solidaridad

Mientras avanza el estudio de la causa de canonización del padre Rafael García Herreros, la organización continúa desarrollando la misión social y evangelizadora que él promovió. El proceso eclesiástico requiere una evaluación rigurosa de sus virtudes y de los posibles milagros atribuidos a su intercesión; paralelamente, su legado puede apreciarse en las iniciativas que buscan acompañar a las comunidades y responder a sus necesidades.

La vigencia de ese legado se refleja en una convicción: la solidaridad adquiere mayor alcance cuando se convierte en una acción organizada, transparente y respetuosa de la dignidad humana. En lugar de limitarse a atender las consecuencias inmediatas de una tragedia, puede contribuir a recuperar viviendas, fortalecer capacidades y generar condiciones para que las familias reconstruyan sus proyectos de vida.

Ante las afectaciones ocasionadas por el sismo, la ciudadanía puede contribuir a las labores de asistencia mediante los canales oficiales de la organización. Las personas interesadas en realizar aportes económicos pueden consultar la página de El Minuto de Dios. Quienes deseen ofrecer su tiempo como voluntarios pueden conocer las opciones del Banco de Ropa.

La historia del padre Rafael García Herreros permite entender que el servicio no termina con una donación ni con la atención de una emergencia. Su sentido más profundo está en acompañar a las personas, respetar su dignidad y contribuir a que recuperen la esperanza y la autonomía. Esa es la herencia que la Obra El Minuto de Dios busca mantener vigente mientras continúa su labor en las comunidades afectadas.

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