
En el Colegio Minuto de Dios de Ciudad Verde, en Soacha, un grupo de estudiantes de bachillerato convirtió la programación y la inteligencia artificial en herramientas para ayudar a personas con discapacidad visual. Como parte de un semillero de investigación, los jóvenes diseñaron un arnés con una cámara y un sistema desarrollado en Python, capaz de identificar objetos del entorno y comunicar la información mediante audio. La iniciativa demuestra cómo el conocimiento adquirido en las aulas puede trascender los espacios académicos y responder a necesidades concretas de la sociedad.
Detrás de este desarrollo hay una apuesta pedagógica que busca despertar el interés por la ciencia desde los primeros años de formación. Para Guadalupe Garnica, líder de la Unidad de Investigación y Desarrollo Sostenible de la Corporación Educativa Minuto de Dios (CEMID), investigar significa abrir caminos para comprender el mundo y proponer soluciones. Así lo explicó durante su participación en el programa radial RenovAcción Social Sostenible, donde presentó las estrategias que implementa esta red educativa, integrada por 27 colegios: 26 en Colombia y uno en Perú.
Una educación que convierte las preguntas en oportunidades
La propuesta de la CEMID parte de reconocer que la curiosidad es una de las principales herramientas para aprender. En lugar de limitarse a modelos basados en la repetición de contenidos y la recepción pasiva de información, la institución promueve metodologías activas que permiten a los estudiantes explorar, formular preguntas y construir sus propias respuestas.
Garnica señala que transformar la experiencia educativa también implica cambiar la manera en que se reconoce el aprendizaje. Por eso, los resultados de una investigación no tienen que presentarse exclusivamente en trabajos escritos tradicionales. Los estudiantes pueden comunicar sus descubrimientos mediante cuentos, pódcast, videos y otros formatos que les permitan compartir el conocimiento de acuerdo con sus capacidades e intereses.
Esta diversidad de alternativas busca que las investigaciones no se queden únicamente en el aula ni sean evaluadas como un requisito académico más. Por el contrario, pretende que los hallazgos puedan circular, despertar nuevas inquietudes y aportar a las comunidades. De esta manera, aprender también significa comunicar, crear y encontrar formas de hacer que el conocimiento sea útil para otras personas.
La tecnología como herramienta para resolver problemas reales
La incorporación de recursos digitales constituye otro componente de esta transformación. Ante los debates sobre el uso de teléfonos inteligentes y plataformas tecnológicas en los colegios, el enfoque expuesto por Garnica destaca la importancia de enseñar a los estudiantes a utilizar estas herramientas de manera creativa y con propósitos educativos.
Los simuladores, los recursos digitales y la inteligencia artificial se convierten así en medios para experimentar, desarrollar habilidades y construir soluciones. El proyecto del arnés creado en Soacha representa una muestra de esta perspectiva: los estudiantes pasaron de utilizar la tecnología como consumidores a explorar sus posibilidades de programación y reconocimiento de objetos para apoyar a personas con discapacidad visual.
Más allá del componente técnico, la experiencia evidencia cómo la formación científica puede vincularse con la empatía y el compromiso social. La tecnología adquiere un sentido distinto cuando se utiliza para identificar una necesidad, comprenderla y diseñar una respuesta que contribuya a mejorar la vida de otros.
Formación ambiental desde la infancia
La investigación promovida por la Corporación Educativa Minuto de Dios también se relaciona con los desafíos ambientales de los territorios. En este ámbito, las huertas escolares, las actividades de reciclaje y los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE) permiten acercar a niños y jóvenes a la comprensión de su entorno y a la responsabilidad que tienen frente a su conservación.
Estas experiencias buscan superar una visión de la naturaleza centrada exclusivamente en los beneficios que los seres humanos obtienen de ella. La apuesta es fomentar una relación de respeto y cuidado, en la que el ambiente sea reconocido por su valor propio y la protección de los ecosistemas se entienda como una responsabilidad compartida.
De esta manera, la educación ambiental se integra a un proceso formativo que relaciona la observación, la investigación y la participación ciudadana. Los estudiantes no solo aprenden conceptos sobre sostenibilidad, sino que tienen la oportunidad de identificar situaciones de su entorno y participar en acciones que contribuyan a transformarlo.
La experiencia de los colegios de la Obra El Minuto de Dios, presentada por Guadalupe Garnica, plantea así una reflexión sobre el propósito de la educación: formar personas capaces de comprender los problemas de su tiempo, utilizar el conocimiento con sentido crítico y proponer alternativas para enfrentarlos. Desde la investigación escolar hasta el desarrollo de soluciones tecnológicas y ambientales, la apuesta consiste en hacer de la curiosidad un punto de partida para la innovación y el compromiso social.