Para Ricardo Lozano, exministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible (2018-2020), expresidente del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) y actual presidente ejecutivo de la Corporación Ambiental Empresarial (CAEM), enfrentar los desafíos ambientales del país requiere mucho más que políticas públicas, inversiones o grandes proyectos de infraestructura. La transformación también depende de las decisiones que toman a diario los ciudadanos, las familias, los emprendedores y las comunidades.
Durante una conversación en el marco de la Feria Internacional del Medio Ambiente (FIMA 2026), Lozano abordó la importancia de incorporar la sostenibilidad en la vida cotidiana, los retos asociados al fenómeno de El Niño y la necesidad de fortalecer la capacidad de respuesta de Colombia frente al cambio climático. Asimismo, destacó el valor de los espacios de encuentro que permiten acercar la ciencia y el conocimiento ambiental a diferentes sectores de la sociedad.
Cambiar los hábitos para construir un futuro sostenible
La sostenibilidad suele relacionarse con las decisiones de los gobiernos, las investigaciones científicas o las estrategias de las grandes empresas. Sin embargo, Lozano considera que una parte fundamental de la transformación ambiental se encuentra en los hogares, los pequeños establecimientos comerciales y los hábitos de consumo de la población.
Desde esta perspectiva, el mensaje de FIMA invita a comprender que todas las personas pueden contribuir a los cambios que necesita el planeta, siempre que estén dispuestas a modificar sus comportamientos y adoptar una actitud propositiva frente a los desafíos ambientales.
“Sí podemos transformarnos, sí podemos cambiar. Hoy tenemos que pasar de pensamientos negativos a positivos. Esa transición la tenemos que dar”, afirmó durante la entrevista.
Para el exministro, la sostenibilidad también debe entenderse como una oportunidad para mejorar la economía familiar y la productividad de los negocios. Reducir el consumo de agua y energía, separar adecuadamente los residuos y aprovechar mejor los recursos disponibles son acciones que pueden disminuir el impacto ambiental y, al mismo tiempo, representar ahorros económicos.
“Estamos pagando el recibo de la luz y el recibo del agua, pero no nos damos cuenta de que podemos ahorrar. Eso es lo que significa la sostenibilidad”, señaló.
Las pequeñas empresas, protagonistas del cambio ambiental
Otro de los puntos centrales de su reflexión es la participación de las micro, pequeñas y medianas empresas en la transición hacia modelos de producción y consumo más responsables.
Negocios como panaderías, peluquerías, restaurantes y talleres utilizan diariamente recursos como el agua y la electricidad. Por ello, la incorporación de prácticas eficientes puede generar beneficios tanto para sus finanzas como para el entorno en el que desarrollan sus actividades.
Lozano sostiene que la sostenibilidad no debe limitarse a las grandes industrias, pues también depende de las decisiones que adoptan miles de pequeños empresarios en todo el territorio nacional.
La optimización del consumo energético, la reducción de desperdicios, el aprovechamiento del agua y la adecuada disposición de residuos son medidas que pueden comenzar con cambios sencillos. Cuando estas prácticas se extienden entre numerosos establecimientos, su impacto puede multiplicarse y contribuir a una economía más eficiente y responsable con el ambiente.
El fenómeno de El Niño y los desafíos climáticos de Colombia
La evolución de un nuevo fenómeno de El Niño también hizo parte de la conversación. Desde su experiencia como expresidente del IDEAM, Lozano advirtió sobre los efectos que pueden tener los eventos climáticos extremos y la importancia de prepararse ante sus posibles consecuencias.
“El cambio climático está pasando la factura permanentemente. Cada vez más intenso y cada vez más frecuente”, manifestó.
Según explicó, los riesgos asociados a la disminución de las lluvias pueden comenzar a evidenciarse antes de que la población perciba sus consecuencias más graves. La reducción de los caudales de los ríos, los menores niveles de las cuencas hidrográficas y la pérdida de humedad en los suelos son señales que requieren seguimiento por parte de las autoridades y las comunidades.
“Ya empezaron las cuencas a reducir sus niveles y los suelos empezaron a secarse. Muchos municipios ya presentan problemas de racionamiento cuando apenas está comenzando el fenómeno”, indicó.
El comportamiento de las precipitaciones y la disponibilidad de agua durante los siguientes meses serán factores determinantes para establecer la magnitud de los impactos. Por ello, la planificación y el monitoreo de las condiciones climáticas resultan fundamentales para anticipar posibles afectaciones en el abastecimiento de agua, las actividades productivas y la generación de energía.
La resiliencia, una herramienta para enfrentar los extremos climáticos
Frente a este panorama, Lozano destaca la resiliencia como un elemento esencial para reducir la vulnerabilidad de las comunidades y los sectores económicos. Este concepto hace referencia a la capacidad de anticiparse a los riesgos, adaptarse a las condiciones cambiantes y recuperarse después de fenómenos como sequías, inundaciones y temporadas de lluvias intensas.
Para ilustrar su importancia, el exministro menciona los sistemas agroforestales cafeteros que se mantienen en departamentos como Santander, Norte de Santander, Huila y Tolima. En estos modelos, los cultivos de café conviven con árboles que proporcionan sombra y contribuyen a regular las condiciones del entorno.
La presencia de cobertura vegetal puede ayudar a proteger los cultivos frente a las altas temperaturas y a reducir su exposición directa a condiciones climáticas adversas. De esta manera, los sistemas productivos que incorporan medidas de adaptación pueden estar mejor preparados para enfrentar las variaciones del clima.
“Eso es lo que se llama resiliencia. Están preparados para enfrentar esos cambios”, explicó.
El ejemplo evidencia que la adaptación climática no depende únicamente de tecnologías avanzadas. También puede apoyarse en el conocimiento del territorio, las prácticas productivas sostenibles y las soluciones que aprovechan las características naturales de cada región.
Anticiparse a las emergencias es parte de la solución
Para Lozano, una de las principales lecciones de los eventos climáticos extremos es que las medidas de prevención deben implementarse antes de que se presenten las situaciones de emergencia.
En esa línea, la Corporación Ambiental Empresarial ha participado en iniciativas orientadas a fortalecer la preparación de pequeños negocios y emprendimientos turísticos frente a los riesgos ambientales. Entre las experiencias que mencionó se encuentran proyectos con pequeños hoteles y prestadores de servicios turísticos en regiones como Chocó, Santander y Cundinamarca.
Estas iniciativas han promovido la incorporación de herramientas como sistemas de recolección de aguas lluvias, mecanismos de almacenamiento hídrico y paneles solares, con el propósito de mejorar el aprovechamiento de los recursos y reducir la vulnerabilidad ante eventuales periodos de escasez de agua o interrupciones del suministro energético.
La preparación anticipada permite disminuir la dependencia de los servicios convencionales en determinadas circunstancias y mejorar la capacidad de respuesta de los establecimientos. Para el exministro, fortalecer estas medidas es una manera de convertir la sostenibilidad en una estrategia concreta de prevención y adaptación.
El abastecimiento de energía también exige prevención
La posibilidad de que una reducción significativa de las lluvias afecte la disponibilidad de agua para la generación hidroeléctrica plantea interrogantes sobre la seguridad energética del país.
Al abordar este tema, Lozano evitó hacer pronósticos categóricos sobre un eventual racionamiento y resaltó la importancia de que las autoridades evalúen los escenarios de riesgo y adopten medidas preventivas.
La administración de los embalses, el seguimiento de la oferta hídrica y la planificación de la demanda son aspectos relevantes para reducir la exposición del sistema energético a condiciones climáticas desfavorables.
A estas acciones debe sumarse la participación de los ciudadanos y las empresas mediante el uso eficiente de la electricidad y la eliminación de consumos innecesarios. En conjunto, la planificación institucional y los cambios en los hábitos de consumo pueden contribuir a una gestión más responsable de los recursos disponibles.
La sostenibilidad debe mantenerse por encima de las diferencias políticas
Al referirse a la gestión ambiental de los últimos años, Lozano planteó la importancia de evaluar las acciones de cada administración de acuerdo con sus prioridades y resultados, sin desconocer los avances ni los desafíos pendientes.
En su reflexión, mencionó iniciativas relacionadas con la protección de la biodiversidad, el fortalecimiento de las comunidades, el turismo sostenible y la adaptación al cambio climático desarrolladas en distintas regiones del país.
No obstante, considera que las políticas ambientales necesitan continuidad, independientemente de los cambios de gobierno. Los retos relacionados con el agua, los ecosistemas y el cambio climático requieren estrategias que trasciendan los periodos administrativos y mantengan objetivos de largo plazo.
“En los temas de sostenibilidad no existe partido político ni color frente a lo que significa esa transformación”, afirmó.
Su planteamiento apunta a la necesidad de construir consensos que permitan mantener los compromisos ambientales y articular el trabajo de las instituciones, el sector privado, la academia y la ciudadanía.
La ciencia y el conocimiento deben tener continuidad
La experiencia de Lozano en el sector ambiental también lo lleva a insistir en la importancia de preservar y fortalecer las capacidades científicas del país. Las investigaciones relacionadas con el clima, la biodiversidad, los recursos hídricos y los ecosistemas requieren seguimiento permanente y sistemas de información sólidos para orientar las decisiones.
Por ello, considera fundamental que los cambios administrativos no interrumpan los procesos de investigación ni debiliten la capacidad técnica de las instituciones encargadas de estudiar el patrimonio natural colombiano.
“La ciencia y el conocimiento no tienen partido político. Lo importante es que permanezcan y se transmitan de gobierno a gobierno”, sostuvo.
La continuidad de la información científica permite identificar tendencias, anticipar riesgos y formular respuestas mejor fundamentadas frente a los desafíos ambientales. También facilita que las comunidades, las empresas y las autoridades tengan acceso a herramientas para tomar decisiones informadas.
FIMA, un escenario para unir esfuerzos
En este contexto, la Feria Internacional del Medio Ambiente se consolida como un espacio de encuentro entre entidades públicas, empresas, universidades, organizaciones sociales y ciudadanos interesados en encontrar respuestas a los principales retos ambientales.
Para Lozano, estos escenarios permiten compartir experiencias, divulgar conocimientos y promover acuerdos entre actores que, desde diferentes ámbitos, pueden contribuir a la transformación del país.
La protección de los recursos hídricos, la transición energética, la economía circular, la conservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático son asuntos que requieren cooperación y compromisos compartidos.
Más allá de las diferencias institucionales o políticas, el exministro considera que la sostenibilidad debe asumirse como un propósito colectivo, capaz de orientar las decisiones públicas y privadas hacia objetivos comunes.
Su reflexión deja una idea central: la transformación ambiental que necesita Colombia no comienza únicamente con las grandes inversiones ni con las decisiones de los gobiernos. También se construye cuando una familia reduce el consumo de agua, un pequeño negocio mejora su eficiencia energética, una comunidad se prepara para una sequía o una empresa incorpora medidas para disminuir su impacto ambiental.
En definitiva, la sostenibilidad comienza con las decisiones cotidianas y se fortalece mediante el conocimiento, la prevención y el trabajo conjunto. Adoptar hábitos responsables, anticiparse a los riesgos climáticos y mantener la protección ambiental como una prioridad de largo plazo son pasos fundamentales para avanzar hacia un país más resiliente y garantizar mejores condiciones de bienestar para las generaciones presentes y futuras.